jueves, 26 de febrero de 2015

En mi humilde opinión: cosmética (III)

De sobra sabéis que no soy de esas bloggers apañás que lo mismo te explican una receta de cupcakes que una mascarilla casera. Vamos, que no soy Isasaweis, pero tengo mis truquitos y recomendaciones. Estos son algunos de los clásicos y novedades, algunas descubiertas en mi última aventura americana, que pueblan últimamente en el neceser:
1.-Hidratante corporal ST. IVES SKIN RENEWING. Esta línea de cosmética se vende en droguerías como Duane Reade o Wallgreens en todo Estados Unidos, donde yo me puedo pasar horas curioseando. Hay varios tipos, pero la más codiciada es la COLLAGEN ELASTIN. Cuando cruzo el charco aprovecho para comprar unas cuantas para que me duren todo el invierno.
2.- Estaba un poco harta de oír las excelencias de los productos a base aceite de argán para luego descubrir que su contenido real era meramente testimonial. Así que me decidí a empezar a usar ACEITE DE ARGÁN 100% PURO DE SALUVITAL, un producto que hidrata y repara cuerpo, rostro y cabello. Lo podéis encontrar en farmacias y sólo tiene un defecto, que huele regular.
3.-Otra maravilla ultramarina son los JABONES DE BARR CO; me los compraría sólo por esa tipografía tan bonita del envoltorio, pero además son totalmente ecológicos, sin parabenos  y aptos para pieles sensibles, tanto para el rostro como para el cuerpo. Éste es de berros y menta, pero hay muchos más. Se venden en Anthropologie, una de esas tiendas que te absorben y donde te lo comprarías todo, o mejor aún, te quedarías a vivir.
4.-Ya llevo casi dos años utilizando un contorno de ojos de esta marca, así que me decidí a probar también una hidratante facial de SINGULADERM, la XPERT RADIANT. Y tampoco me ha defraudado, tiene protección solar SPF20, que para mí es fundamental y lo más importante, efecto iluminador y unificador del tono de la piel, hoy en día no le pido más a una crema... Aprovecho para recomendar a las excépticas que os acerquéis a vuestra farmacia de confianza, seguro que encierra muchos tesoros. Los cosméticos de perfumería de alta gama no siempre son los mejores ni los más adecuados para nuestra piel y son muchísimo más caros.
5.-¿Sabéis cómo se dice "pasarse la seda dental" en inglés? Flossing. ¿Y en español?... Ahí quería llegar, ni se dice ni se hace porque es una de nuestras asignaturas pendientes. Os chocará ver la CINTA DENTAL VITIS entre estos productos de belleza, pero os invito a que os fijéis en la sonrisa de una persona con problemas periodontales, os aseguro que nos es nada bonita. Niños, hay que cuidarse no sólo los dientes, si no también las encías. Yo siempre utilizo ésta que es plana, no en forma de cordón, y encerada para que no se deshilache.
6.- Si tenéis el pelo rizado, coincidiréis conmigo en que la espuma de peinado es uno de los grandes inventos del siglo XX. Para las que os gustan estas texturas, os recomiendo RENÉ FURTERER VOLUMEA, con extracto de algarroba, no engrasa el cabello, no lo apelmaza y como su propio nombre indica, da volumen. Para mí era lo más de lo más hasta que la abandoné por completo al descubrir el siguiente producto.
7.- Un buen día cayó en mis manos una muestra de  ALTERNA BAMBOO STYLE BOHO WAVES, una bruma de peinado que contiene extracto de yucca y bambú. El resultado es el que promete su nombre, unas ondas sueltas, ligeras y muy naturales, como si acabases de bañarte en el mar. O sea, que me encantó, pero no lo encontraba a la venta en ningún sitio, sólo a través de internet y a precios astronómicos. Supuse que en Nueva York encontraría productos de la casa Alterna en cualquier tienda, pero me costó lo mío localizar una perfumería que lo vendiese. Por fin pude reponer stock en Ulta, Chicago. 

De paso me compré también la línea BAMBOO BEACH OCEAN WAVES, muy similar pero con protección solar; y ya que estaba me traje un producto muy parecido para comparar, el SURF SPRAY de BUMBLE AND BUMBLE, también muy recomendable aunque algo más caro.

(continuará)

jueves, 19 de febrero de 2015

Deep fried Oreo, Coney Island

El post del lunes pasado sobre el Mermaid Parade me ha hecho recordar una polémica que surgió en la oficina este verano. Hablábamos de la gran variedad de exquisiteces que se pueden encontrar en los chiringuitos de Coney Island: perritos, calamares fritos, almejas rebozadas, hamburguesas, gambas a la gabardina, pizza...
Entonces le comenté a mis compañeros que mi bocado favorito era, con mucha diferencia, las galletas Oreo rebozadas y fritas que había probado en un puesto de Deno's Wonder Wheel. La mitad arqueó las cejas con incredulidad y la otra mitad mostró sus dudas sobre si eso, en caso de existir, podía estar bueno.

Francamente, esos comentarios me ofendieron en lo más profundo de mi ego gourmand porque si de algo puedo presumir es de ser experta en comida basura. Así que les prometí que en mi siguiente viaje a Nueva York volvería con fotos de esta delicatessen y aquí tenéis la prueba de que cumplí con mi dulce promesa.
Mi compañero de viaje no es nada aficionado al dulce, y las raciones eran de tres unidades, así que no me quedó otro remedio que merendarme las tres, hay que ver las cosas que hago por vosotros...
No conozco la receta exacta porque no contemplo hacerlas en casa, pero si tenéis interés podéis encontrarla en internet. Aunque pueda parecer extraño los americanos consideran las Oreo un producto tradicional como nuestras torrijas o las rosquillas de anís, un clásico de su cultura que lleva en sus hogares desde 1912.
Básicamente la deep fried Oreo es una especie de buñuelo con una galleta Oreo dentro. Lo que la hace realmente única es que te las fríen en el momento y te las sirven calentitas y con una tonelada de azúcar glas por encima. Con el calor de la freidora las partes blanca y negra de la galleta se quedan blanditas y adquieren una textura cremosa que se funde en la boca.
Desde el punto de vista nutricional se me ocurren muy pocos alimentos menos sanos y más artificiales que una galleta Oreo; y si a esto le añadimos la fritanga y el azúcar añadido seguro que se convierte en una bomba de relojería prohibida por la OMS.
No es que yo apruebe este tipo de alimentación para la vida diaria. Soy de las que se leen todas las etiquetas del supermercado y hasta me hago en casa el pan de molde por miedo a la fructosa oculta del comprado.
No obstante, de vez en cuando, merece la pena darse un capricho y afortunadamente Brooklyn queda a muchas horas de avión de mi casa. Poder ir todos los domingos ¡sería un verdadero problema!

lunes, 16 de febrero de 2015

Mermaid Parade, carnaval en Coney Island


Este año no me he disfrazado, de hecho pasé el Sábado en Oviedo, ajena a todo el jaleo del carnaval avilesino porque si no voy a estar implicada, prefiero hacer como que no existe.


Y eso que yo era una maga del disfraz, a Mortadelo le hacía sombra: azafatas, princesas, exploradoras, de todo nos hemos vestido mi pandi y yo. Entonces ¿Por qué deja una de disfrazarse?

Supongo que es como cuando se estrella un avión, que dicen que nunca es por un solo motivo.
En mi caso, desinterés creciente por las salidas nocturnas, amigas con hijos para las que un día libre es ciencia ficción, maridos que se niegan a disfrazarse, pero sobre todo la ausencia de Mónica.

No conozco a nadie que viva esta época con la intensidad que lo hace mi amiga Mónica. Tanta es su afición que hace unos años se tuvo que sacar una oposición que le permitiese mudarse a Las Palmas de Gran Canaria.
Mi último contacto con el mundo del disfraz fue el verano pasado en el Mermaid Parade de Coney Island, en Brooklyn.

Ya sé que me pongo muy pesada con este tema y que éste es el tercer post que le dedico, pero es que me fascina este barrio y esta fiesta.
Brooklyn es un mundo aparte que poco tiene que ver con Manhattan, cada uno de sus vecindarios tiene personalidad propia.

Por supuesto están los muy hipsters y reyes del postureo Green Point, Bedford o Park Slope cuya vida y fauna retratan series como "Girls".

Pero es que en el sur de Williamsburg, el barrio más moderno de Nueva York, vive una colonia de judíos ultraortodoxos que dejan con la boca abierta al más viajado con sus tirabuzones, trajes negros y sombreros de piel de zorro;

y a pocas manzanas está el barrio afroamericano de Nostrand Avenue, donde me alojé este verano. Parece sacado de una peli de Spike Lee, os aseguro que yo era la única pelirroja por aquellos contornos.
Yo ya quería conocer Coney Island desde la primera vez que vi aquella escena genial de Annie Hall en la que Woody Allen contaba que se había criado en una casita justo debajo de la montaña rusa, o que su padre trabajaba en los coches de choque.

O aquel monólogo en el que explicaba que de pequeño no iba a la playa porque en Brooklyn solo tenían Coney Island, que era una playa horrible y además corría el rumor de que submarinos alemanes habían invadido la zona de baño durante la segunda guerra mundial y la habían contaminado para siempre.
Casi todas estas historias son pura invención. Woody Allen se crió en Flatbush, bastante más al norte y su padre trabajaba en un Deli propiedad de la familia. Aunque no mentía en lo de que el agua está sucia; y yo añadiría que bastante fría.

Pero lo que sí es cierto es que Coney Island sigue siendo tan original y auténtico como en aquellas historias de los años cuarenta. No se ha vendido a las grandes marcas, afortunadamente aún no no han plantado un Starbucks ni un Disney Store en mitad de la pasarela de madera, y espero que nunca lo hagan.
Entre una y otra visita una se encuentra con alguna atracción o tienda de regalos nueva, pero poco más, en esencia su espíritu se mantiene intacto.

Esto es gracias a la asociación sin ánimo de lucro "Coney Island USA", cuyo lema es "Defendiendo el honor de la cultura popular americana" y en concreto a su fundador Dick D. Zigun, alcalde honorario de Coney Island.
Zigun preside la organización desde 1980, es el creador del Mermaid Parade , además promueve el Festival de Cine, los espectáculos de burlesque y magia y otras tantas actividades que animan el verano de Brooklyn.

Si en algo son expertos los norteamericano es en dejar de lado la vergüenza y el sentido del ridículo para disfrutar como niños. Son participativos y entusiastas como ellos solos y en parte les envidio por ello, yo no me veo saliendo de mi casa con pezoneras, y ¡mucho menos desfilar!
Eso es lo que hace del Mermaid Parade un espectáculo único. Merece la pena verlos en su salsa y si te gusta la fotografía, aquí vas a encontrar excelentes oportunidades.

El Mermaid Parade celebra el inicio de la temporada de playa, por eso se celebra todos los años el sábado más cercano al solsticio de verano. Este año será el 20 de Junio, si quieres ver algo diferente, anótalo en tu agenda y vete pensando en tu disfraz.
+si quieres recordar conmigo el Mermaid Parade de 2008 y 2011, puedes visitar estos enlaces:
Mermaid Parade 2008
Mermaid Parade 2011

lunes, 12 de enero de 2015

Mi bañista de PYC, San Sebastián

Yo es que tengo imán para este tipo de cosas... y detecto un tesoro vintage a kilómetros de distancia.
Paseando por el barrio antiguo de San Sebastián descubrí PYC y a pesar de su tamaño, divisé estas preciosas  figuritas desde el otro lado de la calle.
 Entré a interesarme por ellas y así fue como descubrí la curiosa historia de este establecimiento.
Ya a principios de siglo existía un comercio en la Avenida de la Libertad, 43 llamado Bazar La Concha, que vendía al detalle y distribuía artículos de regalo y bisutería importada de Europa.
Muy próximo al antiguo casino, el Bazar La Concha volvía a abrir sus puertas a las doce de la noche para que las señoras de postín pudiesen comprar un recuerdo a la salida.
No pensemos en el turista tal como lo conocemos ahora, el que se compra un souvenir de plástico en un tienda de los chinos. En aquellos tiempos sólo unos pocos podían permitirse los viajes y los veraneos en la playa y esos pocos sólo se conformaban con lo más exclusivo.
Unos años más tarde, en 1930 Isidro Pajarón Ferrari, el fundador de Bazar La Concha y su antiguo empleado José Castellví se asociaron para abrir una nueva tienda llamada PYC en la calle Mayor, su ubicación actual.
Décadas después la tercera generación continúa ofreciendo el precioso stock de los años diez, veinte y treinta que aún queda en sus almacenes: pendientes, broches, collares, pastilleros y estas bañistas de porcelana, 
las mismas que compraban las señoras del casino y que se podían encontrar en Inglaterra o Alemania, donde solían montarse pegadas en una concha natural con el típico rótulo de "recuerdo de".
 

El caso es que me enamoré de una de estas muñequitas en particular y no me la pude quitar de la cabeza en todo el fin de semana.
Como no podía ser de otra forma,  el lunes  a las diez de  la mañana, justo antes de salir en coche de vuelta a casa, me fui a corriendo a la tienda rezando para que ya estuviese abierta.

Me la entregaron envuelta en este papel que aún luce el logo que los arquitectos Aizpuru y Labayen diseñaron para PYC en 1930.
La elegida para entrar a formar parte de la colección Fernández-Heres es este bomboncito que me cabe en la palma de la mano. Como va a seguir mirando al Cantábrico espero que no eche de menos los veranos de San Sebastián...
PYC
C/ Mayor, 15
San Sebastián