viernes, 25 de noviembre de 2016

Cosmética coreana

En general no me definiría como una persona muy atrevida, pero hay dos cosas para las que siempre he tenido un arrojo casi temerario: comprar por internet y probar potingues nuevos. 
Hace cuatro años tuve mi primera  toma de contacto con  el mundo de la cosmética coreana fue durante mi viaje a Tokyo. Me llamó la atención la abundancia de productos y marcas, lo colorido del packaging, pero como no iba muy informada de casa me limité a probar alguna que otra muestra.

Más adelante, cuando empecé a ver alguna tienda especializada en Madrid, artículos en revistas y bloggers que cantaban las excelencias de los cuidados faciales de las orientales: Mizon, Tony Molly, Skin  Food, una lista interminable de nuevas marcas ante mis ojos. Me picó de nuevo la curiosidad y  me decidí a realizar mi primer pedido en la tienda "I am love-shop" a través de ebay.
Es un vendedor fiable, con buenos precios, amplia oferta y envío gratis desde Corea en un plazo muy razonable. Y por si fuera poco me envía un montón de muestras como esta mascarilla iluminadora o estas tiras de carbón para eliminar las impurezas de la nariz. Vamos, que se ha ganado a pulso ser mi proveedor favorito.
Mi producto de belleza superstar es el serum Dr. Ampoule de la firma Lioele, que contiene veinte por ciento de ácido hialurónico. Me aplico unas gotas antes de salir por las noches, sin hidratante ni base encima y más de una vez me han preguntado qué maquillaje usaba porque da ese aspecto sano que tanto cuesta conseguir, con los poros cerraditos y la piel luminosa. Y no sabes el gustado que da decir: "Ninguno, voy a cara lavada". Soy consciente de que el frasco parece de broma, pero no te dejes engañar por las apariencias ¡ahí están los resultados!
Comparto con las coreanas la obsesión por la protección solar, no tengo ningún interés en ponerme morena y sí un miedo atroz al melanoma y las manchas. Utilizo SPF a diario y en cuanto viene el buen tiempo llevo en el bolso alguna crema de protección de amplio espectro como la Fresh Sun Screen, también de la casa Lioele.
Y mi último descubrimiento, pero no por ello menos importante, es el limpiador facial en aceite de The Face Shop, nada pringoso, fácil de retirar con agua y con un olor muy agradable.
Y tú ¿has probado ya algún cosmético coreano? Pues no te lo guardes para ti, nos interesa tu opinión...

martes, 15 de noviembre de 2016

Caffe Trieste, San Francisco

Aunque no te lo creas, la semana pasada vi la saga de El Padrino por primera vez en mi vida. Sé que la han puesto en la tele mil veces y que es uno de esos imprescindibles que todo el mundo conoce, pero yo no había visto ninguna de las tres películas.
Ni que decir tiene que las tres cumplieron holgadamente mis altas expectativas; sin duda han aguantado bien el paso del tiempo. Y eso es lo que distingue un peliculón de un rompetaquillas de palomitas.
Es por eso que me he acordado del Caffe Trieste, una de mis dos o tres cafeterías favoritas de San Francisco, y créeme que la competencia es grande porque en esta ciudad se toma muy buen café, nada que ver con ese brebaje aguado de otras zonas de Estados Unidos.
El Caffe Trieste se inauguró en 1956, lo en un país con dos siglos de historia viene a equivaler a la antigüedad del Escorial para un español. 
Su fundador, el emigrante italiano "Papa Gianni" Giotta, que falleció el pasado verano, se hizo famoso no sólo por lograr que los americanos aprendiesen a apreciar el cappuccino, si no por sus dotes de cantante que desplegaba en los famosos conciertos del sábado noche que aún se celebran en el local.
Aquí se reunieron los miembros de la generación beat, sus paredes están llenas de fotos de celebridades de origen italiano, pero por lo que va a pasar a  la historia es por los muchos días que pasó Francis Ford Coppola escribiendo el guión de la primera parte de El Padrino sentado en una de sus mesas.
En la actualidad el Trieste se ha convertido en una pequeña cadena de cuatro cafeterías que siguen en manos de la familia repartidas por la vecinas Oakland, Berkeley y Monterey.
Aunque no conozco ninguna de esas nuevas sucursales, dudo que puedan ser tan auténticas y acogedoras como el original, con sus amplios ventanales y sus mesas de mármol. 
Aunque ni siquiera tiene servicio de mesas y el trato de los camareros es de todo menos amable, en el Caffe Trieste me he sentido siempre como en casa y en sólo diez días que duró mi estancia en San Francisco lo visité tantas veces como me fue posible.
Y es que cualquier carencia queda compensada por su maestría a la hora de preparar el cappuccino, el latte o el expresso y también por su privilegiada ubicación.
Claro, es que aún no te he contado que se encuentra en North Beach, que viene a ser el Little Italy de San Francisco, uno de mis barrios favoritos de la ciudad donde se respira tranquilidad: calles arboladas sin tráfico, anticuarios, terracitas, restaurantes coquetos, auténticas pizzerías italianas, zapaterías y sombrererías a medida...
Así que si te animas a conocer San Francisco, cosa que recomiendo, la visita no está completa hasta que no te hayas tomado un buen café y una galleta en el viejo Caffe Trieste. Y me despido con esta cita que me encontré en la puerta del servicio del Trieste y me parece un excelente consejo para andar por la vida: "Deja que los pensamientos fluyan como el viento".
Caffé Trieste
North Beach
601 Vallejo Street
San Francisco, CA

sábado, 5 de noviembre de 2016

Married Cocina, de César Fernández Casado

"Se guisa de comer". Esta inscripción en el escalón de entrada del restaurante Married constituye toda una declaración de intenciones. Nos gusta la cocina creativa, nos gustan los platos bien presentados, nos gustan las técnicas de vanguardia, pero por encima de todo, nos gusta comer rico, que a nadie se le olvide.
En este diminuto local del Oviedo Antiguo que conserva el encanto de las antiguas casas de comidas, César Fernández Casado despliega su magia ante los fogones y nos ofrece una cocina "de diseño" llena de sabores de nuestra tierra que nos recuerdan a la cocina de carbón de nuestras abuelas. Entrecomillo lo de diseño por lo denostado del término, que a menudo se utiliza de forma despectiva para referirse a los establecimientos innovadores que ofrecen largos menús de degustación. Me hace gracia esa leyenda urbana de que en estos restaurantes se queda uno con hambre ya que la experiencia me dice que suele ser más bien al contrario.
Hacía ya meses que tenía en mente visitar Married, pero como según mi madre soy "mala comedora" me inquietaba un poco el hecho de en vez de carta tuviese un menú único. Mi preocupación se disipó rápidamente cuando nada más descolgar el teléfono para reservar me preguntaron sobre mis alergias, preferencias y manías. Así pude acudir con la tranquilidad de saber que no me iba encontrar ni legumbres ni vísceras en el plato.
Como el mundo es un pañuelo, y tratándose de Asturias mucho más, al frente de la sala me encontré a un viejo conocido, el sumiller Francisco Álvarez, que fue mi profesor de cata de vinos en un curso que al que asistí en Avilés hace ya algunos años.
En esta ocasión no me animé a optar por el maridaje porque incluía algunos caldos que no me vuelven loca, como el txakoli y el cava rosado. No obstante, reconozco que las recomendaciones del sumiller siempre son las más acertadas para potenciar el sabor de los platos y yo suelo tenerlas muy en cuenta.
Como os decía, esta vez fui a lo seguro con un tinto ya conocido que nunca defrauda, El Nómada 2012 de la bodega Finca de la Rica (D.O.C Rioja).
Tras un aperitivo cortesía de la casa, pan con aceite y una copa de sidra, tomamos el menú compuesto por seis platos que paso a mostraros. Comenzamos con el tartar vegetal, mejillón de roca y escabeche carbónico de frutos rojos.
Versión de una empanada de bacalao, cocochas confitadas, crema de pilpil y crujiente sobre fritada con matices dulces.
Cassoulet de alubias frescas de La Granja, panceta ibérica “Joselito”, duxelle de champiñones y piparras, en mi caso extra de champiñones y sin alubias, ya que soy una asturiana desnaturalizada a la que no le gustan les fabes. 
Ahora que lo pienso, ya ni recordaba la última vez que sentí en mi boca un crujiente, sabroso y cremoso trozo de tocino. Me quito el sombrero ante César, que en tiempos de runners y adictos al cross-fit nos planta delante este festival de grasas, se agradece la osadía...
Raya adobada en un pesto genovés, caldo de moluscos acompañado de verduras a modo de minestrone.
El menú continúa con callos de cordero, teja crujiente de su piel y polvo de manchego añejo.
Como los dos comensales somos objetores en materia de casquería, en lugar de callos tomamos solomillo de xata roxa.
Higos asados sobre cremoso de queso fresco, confitura y crujiente de avellana, un postre ligerito y muy fresco para cerrar una comida memorable. De pequeña había una higuera justo delante de casa de mi abuela y yo no quería ni olerlos, pero en los últimos meses he probado los higos en varios preparaciones diferentes y confieso que han sido todo un descubrimiento.
Acompañando a los cafés nos ofrecieron los clásicos petit-four, una costumbre que ya se ha instalado en muchos restaurantes asturianos. Mi acompañante se decantó por un whisky escocés de 15 años, The Glenrothes 2001. Yo no soy muy aficionada a tomar licores a los postres, pero de vez en cuando me tomo un Oporto, en este caso un tawny de 20 años de la bodega Dow's.
Llegado este punto es probable que estés considerando reservar para esta misma noche, aunque es muy posible que para cuando leas esto la propuesta del chef haya cambiado por completo, ya que uno de los encantos de Married es que renueva continuamente sus platos a lo largo del año, lo que hace que una quiera volver una y otra vez.
+ info: Married Cocina
C/Trascorrales, 1 Oviedo
Reservas: 984 28 36 44
wwww.marriedcocina.eu

martes, 29 de septiembre de 2015

Hasta la vista, Copito

Hoy, muy a mi pesar, se escribe el último capítulo de la historia de Copito, una historia bonita pero que termina antes de lo esperado. Parece que fue ayer cuando me enamoré de este sordito de mirada triste nada más ver su foto en internet, pero ya han pasado cinco años y medio. Este gatín hizo realidad mi sueño de tener una mascota para mi sola y creo que yo también el suyo de encontrar un sitio al que llamar hogar.
Me consideraba su amiga, no su dueña, por eso nunca le puse collar ni traté de cambiarle ese nombre hortera  que tenía por uno de los otros mil que me parecían más adecuados para una criatura tan preciosa.


Descansa en paz, gorditín. Doy gracias a Dios por haberte puesto en mi camino; cada día contigo era una aventura. Sin duda tenerte a mi lado fue una de esas cosas que hacen que la vida valga la pena. 

domingo, 27 de septiembre de 2015

Una tarde en Wicker Park, Chicago

La historia de Wicker Park, como la de muchos otros barrios repartidos por la geografía norteamericana, se explica con dos palabras: inmigración y gentrificación.
Allá por el siglo XIX la zona estaba poblada por familias noruegas y alemanas. De hecho aquí edificaron sus mansiones los fabricantes de cerveza más destacados de la época. 
Tras la Segunda Guerra Mundial lo ocuparon exiliados polacos que construyeron hermosas iglesias de estilo neorenacentista y neobarroco.
Estos dieron paso a los latinos que llegaban a la ciudad huyendo de los elevados alquileres de vecindarios más ricos durante la década de los sesenta y setenta del siglo pasado.
En los ochenta y noventa aterrizaron los artistas a establecer sus estudios y galerías y atraídos por el ambiente bohemio, tras ellos como suele ocurrir llegaron los hipsters. El resto es lo que podéis ver ahora: tiendas de ropa trendy, cafés, bicis, chicas con gafas de pasta y modernos barbudos.
Y conste que no lo digo como algo negativo. Al contrario, pasear por Wicker Park un sábado por la tarde es una delicia. ¿Te apetece acompañarme? Pues vámonos.
Te advierto que soy de ésas que nada más salir de casa a hacer un recadito tengo que pararme a tomarme un café, me acostumbré de pequeña cuando salía por las tardes con mi madrina y se me ha quedado grabado a fuego.
Así que vamos a hacer una pausa en La Colombe, justo al lado de la estación de tren, una cafetería de esas para los muy cafeteros con una amplia gama de productos de alta calidad procedente de comercio justo.
El local no es muy grande, apenas una esquina bajo las vías del tren, pero la decoración y el ambiente tranquilo y agradable lo hacen un lugar especial.
Puedes encontrar otros establecimientos de La Colombe Torrefaction en otros barrios de Chicago como West Loop y Andersonville. 
Continuamos ruta por North Damen Avenue dando un paseo y admirando los preciosos edificios de viviendas, no olvides que si por algo es famoso Chicago es por su arquitectura que se ha respetado sin elementos disonantes que la afeen.

Pero no nos entretengamos mucho si queremos disfrutar de una cervecita o un tequila en la terraza de la taquería Big Star, que el tiempo es muy cambiante en esta que llaman "la ciudad del viento"  y se puede levantar el temporal en cualquier momento.
En Big Star, además de dejarse ver, se pueden degustar tacos y margaritas. Como ya he señalado en anteriores posts la influencia mexicana está presente en toda la ciudad de Chicago.


Wicker Park no es una excepción, también se pueden ver allí coloridos murales como los de Pilsen.

En este barrio todo es tan ideal que hasta el Walgreens de la esquina está alojado en un antiguo banco que parece un palacio, mira qué techos.
Por cierto, que la apertura de esta cadena en la sede del Nobel bank trajo cierta polémica por la amenaza que podía suponer para el pequeño comercio de la zona.
Parece ser que al final no resultó tan problemático y después de tres años convive pacíficamente con otras tiendas más pequeñas como Mojo Spa, dedicada a los cosméticos artesanales donde igual te puedes hacer la manicura que comprarte un jabón que parece un trozo de tarta y huele igual de bien que si lo fuera.
Si no te van los potingues, seguro que puedes pasar una tarde entretenida en Reckless Records, una tienda de discos mundialmente conocida por los buscadores de vinilos y rarezas varias.
Como ya sabéis, yo no tengo ni paciencia ni conocimientos suficientes para buscar incunables en cajones polvorientos pero el fotógrafo sí que se hizo con algún tesorito de los años ochenta y yo aproveché para comprar DVDs de segunda mano de mis series favoritas.

Además de los otros dos establecimientos de Reckless Records que hay en Chicago no debes perderte Dusty Groove, otro referente en lo que a compraventa de discos se refiere.
Esto de darle a la tarjeta de crédito da mucha hambre, así que no queda otra que ponerse a la fila para cenar en Piece. Se siente, esto es America, desconfía de los restaurantes donde no hay que hacer cola.
El nombre me parece de lo más ingenioso, un juego de palabras entre las palabras "porción" y "paz" en inglés acompañados de un logo que representa una pizza pero también nos recuerda al símbolo de la paz.

Este establecimiento debe su fama a las magníficas pizzas que allí se sirven, pero también a las variedades de cerveza elaborada por ellos mismos y merecedoras de numerosos premios.
Mi favorita de la carta es la Swingin' Single, una cerveza de trigo que resiste sin problema la comparación con la Paulaner o la Franziskaner, por citar algunos gigantes del ramo.
La bebida se puede consumir en el propio local pero también hay la posibilidad de adquirir esta garrafa tan chula y llevarla a rellenar como hacía yo de niña en la vinotería de mi calle.
Otras cervezas de la carta, con nombres igualmente divertidos son la Light n curvy, la Raw Dawg o la Flatiron Stout.
En cuanto a las pizzas, no esperes encontrar aquí la contundente stuffed pizza de Chicago; éstas están elaboradas con masa fina e ingredientes más ligeros y digestivos.
Una vez cenados es el momento de tomar el metro de vuelta desde la estación de Damen y volver al apartamento del Near West Side.
Por cierto, toma nota de este vecindario un poquito más al sur, que con sus flamantes lofts y sus modernos restaurantes tiene muchas papeletas para convertirse en el próximo barrio de moda.